
El pasado miércoles 7 fuimos a ver un
espectáculo con una vaga idea de que sería interesante pero sin nada concreto que poder decir sobre él. SLAVA SNOW SHOW. El pasado miércoles 7 salimos de un espectáculo distinto, delicioso, divertido... No quiero desvelar demasiados secretos, la sorpresa es uno de sus mayores alicientes, pero a mi lo que de verdad me hizo salir con el corazón henchido fué descubrir que todos, todos, seguimos siendo niños en las circunstancias adecuadas.
Cierto que pudo haber espectadores a los que a lo mejor no les hizo gracia que los mojasen, que los cubrieran con una telaraña, que unos tipos estrafalarios se paseasen por los respaldos de sus butacas, que una ventisca les llenase de papelitos y polvo... puede que esas cosas no fuesen del agrado de todos, pero seguro que todo se les olvidó cuando al acabar la función decenas de enormes globos de colores fueron arrojados sobre el público que se puso a jugar lanzándolos de un lado a otro y sin abandonar la sala.
Y entre medias, la música, la luz, el humor y la expresividad de unos personajes sencillos comunicando cosas sencillas con movimientos sencillos nos demostró que en definitiva los humanos estamos hechos para disfrutar con las ideas más abstrusas y con las imágenes más pueriles.
Si, definitivamente, me gustó muchísimo.

